La región se adapta a la llegada de combustibles más ecológicos

En los últimos meses esta publicación ha cubierto editorialmente la construcción de ciertas refinerías en la región. Cartagena y Talara son buenos ejemplos. Además, recientemente acudimos a un congreso de profesionales del transporte carretero donde la necesidad del combustible denominado limpio junto con las actualizaciones en las legislaciones fueron los temas más candentes. Si a esto se une la incertidumbre que podría provocar a nivel mundial la “espantada” provocada por la administración Trump, el panorama ecológico podría ser realmente confuso. Analicemos la situación actual del sector de combustibles en Latinoamérica.

Uno de los temas que está generando más competición entres países es la calidad de los combustibles en cada nación. Por ejemplo, un país que se está subiendo al carro de la gasolina limpia es Colombia. Desde marzo del año pasado Reficar (la refinería de la ciudad de Cartagena) puede producir diésel con menos de 10 partículas por millón. Por ello, el país se sitúa entre los primeros puestos en ofrecer combustibles con menor cantidad de componentes contaminantes (azufre, aromáticos y benceno), por lo que la calidad en algunos aspectos se acerca a las normativas estadounidense y europea.

Desde hace cuatro años y medio, Ecopetrol distribuye diésel limpio con menos de 50 partes por millón (ppm) de azufre, por lo que el país se convirtió, junto con Chile, en uno de los dos países con mejor calidad de diésel en Latinoamérica. De hecho, ya en 2010 estaba disponible en las dos principales ciudades del país.

Estudios realizados por la compañía nacional Ecopetrol señalan al diésel chileno como el más limpio de la región, con 15 ppm, seguido por Colombia, Costa Rica y Uruguay (menos de 50 ppm) y a cierta distancia están Brasil, México y Panamá, 500 ppm. Ciertos países, indicó la CEPAL en un informe, están todavía muy rezagados. El diésel salvadoreño contiene 5.000 partes por millón (ppm) de azufre.

La legislación de la Unión Europea exige que el máximo de azufre en el diésel debe ser de 10 ppm para todos los vehículos. En Estados Unidos los límites son de 15 ppm para el diésel y 30 para la gasolina.

Uno de los pilares en los que descansa la consecución de combustible más limpio es la capacidad de refinado en el país, o en su defecto en la región. De hecho, al menos el 52% de los hidrocarburos vendidos en México se fabrican en el extranjero. Pemex importa el 75% de ese combustible desde Estados Unidos y un 20% restante de Europa, fundamentalmente de Holanda. Un 5% restante proviene de Singapur y Corea del Sur. Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara son los principales mercados para el diésel importado. Pemex informa que este combustible importado se realiza dos veces. Antes de salir del puerto original se realiza un análisis por un laboratorio independiente, proceso que se repite al llegar a México.

Los países latinoamericanos son cada vez más dependientes del combustible importado. Las 30 naciones de la región compraron 2,32 millones de barriles diarios de diésel, gasolina y otros combustibles estadounidenses en 2016, lo que representa un incremento del 67% respecto a 2011, según la EIA estadounidense. México (199.000 bpd) y Brasil (75.000 bpd) son los principales compradores.
Las leyes actuales están incentivando la inversión petrolera en México y Argentina, una situación opuesta a la vivida en Ecuador y Venezuela debido a los subsidios en el precio de la gasolina que no animan las inversiones. En México, por ejemplo, el precio de las gasolinas subió 20% el año pasado. Hasta ese momento, era de las más baratas del mundo.

Realidad regional
El país que más ha invertido en la consecución de combustibles limpios ha sido Brasil. En 2006 la inversión regional era de US$1.000 millones anuales. Mientras que entre 2014 y 2016 ha aumentado a US$6.000, US$7.1000 y US$9.3000 millones. Un ejemplo de este esfuerzo fueron los países que más invirtieron en el año 2015: México (US$3.900 millones), Chile (US$3.400 millones), Uruguay (US$1.100 millones), Honduras (US$567 millones) y Perú US$155, con millones. Sorprendentemente, en ese periodo los países más rezagados fueron Argentina, Colombia y Venezuela. La Reforma Energética mexicana facilitó la entrada de capitales privados en energías limpias.

Arte e información con ayuda de Osinergmin, Ministerio de Energía y Minas de Perú, Petroperú

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